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A Historia Da Arte Ernst Hans Gombrich.zip


Retornou ao Instituto Warburg em novembro de 1945, após o fim da guerra. Viveu na Inglaterra até a sua morte, em 2001, onde consolidou a sua carreira de historiador da arte, tendo, por sua contribuição à cultura, sido sagrado Cavaleiro e Membro da Ordem do Mérito, entre outras honrarias.




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Ernst Hans Josef Gombrich, OM (Viena, 30 de marzo de 1909-Londres, 3 de noviembre de 2001) fue un historiador de arte británico de origen austriaco, que pasó gran parte de su vida en el Reino Unido.


Con su familia visitaba el Museo de Arte Histórico, cercano a su hogar y el joven Ernst comenzó sus lecturas sobre arte, sobre todo los volúmenes de la colección Klassiker der Kunst, las ediciones de Knackfuss sobre los maestros del Renacimiento y el siglo XVII en Holanda y el clásico de Max Dvořák Kunstgeschichte als Geistesgeschichte (Historia del arte como historia del espíritu), obra que fue de gran influencia teórica en sus estudios posteriores.


Inmediatamente ingresó en la Universidad de Viena para estudiar historia del arte, teniendo como profesores a teóricos de renombre tales como Josef Strzygowski, Julius von Schlosser, Karl Maria Swoboda, Hans Tietze entre otros. Su tesis doctoral se refirió a Giulio Romano como arquitecto, siendo von Schlosser el profesor revisor de su trabajo. Así finalizó sus estudios de Historia del Arte en 1933. Ante la llegada al poder de los nazis, en 1936 se trasladó a Gran Bretaña, donde ocupó un puesto como asistente de investigación en el Warburg Institute, creado por Aby Warburg, convirtiéndose en el director del mismo desde 1959 hasta 1976.


Además, fue Slade Professor de bellas artes para la Universidades de Oxford, Cambridge y Harvard. En 1960 fue elegido Fellow de la Academia Británica, en 1966 nombrado CBE, en 1972 sir, y en 1988 le fue concedida la Orden del Mérito. En 1985 ganó el Premio Balzan para la historia del arte occidental, en 1994 se le otorgó la medalla de oro de la ciudad de Viena.


Mientras que varias obras de Gombrich (especialmente Arte e Ilusión) tuvieron un enorme impacto en la historia del arte y otros campos, sus ataques categóricos contra el historicismo han sido acusados por Carlo Ginzburg de llevar a conclusiones estériles. Sus argumentos metodológicos han sido superados por la obra de historiadores del arte como Svetlana Alpers y Michael Baxandall.


Sus estudios sobre la Historia del Arte occidental y sus reflexiones acerca de la teoría artística tienen una resonancia mundial. Gombrich aplicó en sus trabajos las técnicas más modernas de la psicología experimental en el examen del fenómeno artístico, como en Arte e ilusión (1960), ensayo en el analiza la psicología de la representación pictórica. Analizó la relación entre arte y psicoanálisis en Freud y la psicología del arte (1965). Amplió los estudios sobre la iconología y su semiótica en estudios como Norma y forma (1966), Imágenes simbólicas (1972), El sentido del orden (1979), Meditaciones sobre mi tema favorito (1963), El sentido del orden (1979), La imagen y el ojo (1985) o Lo que nos cuentan las imágenes (1991). Sus reflexiones acerca del Arte y sus expresiones simbólicas le han llevado a examinar la tradición cultural de forma comparativa en estudios como Tras la historia de la cultura (1969). Además ha dedicado estudios monográficos a artistas tan dispares como Giulio Romano, Oskar Kokoschka y Saul Steinberg.


Uno de los más eminentes historiadores del arte del siglo XX, Gombrich es conocido tanto por la belleza y profundidad de sus escritos como por su esfuerzo divulgativo. El carácter eminentemente innovador de su obra produjo una auténtica renovación de los estudios artísticos y su mundialmente conocida Historia del Arte, reeditada continuamente en numerosos idiomas, sigue siendo, a pesar de haber sido publicada en 1950, una de las obras fundamentales para la comprensión del fenómeno artístico.


En la muerte del gran historiador del arteEl pasado 3 de noviembre fallecía en Londres, a los 92 años, Ernst Gombrich, considerado el más importante historiador del arte de la segunda mitad del siglo XX. The Story of Art, con más de dos millones de ejemplares vendidos, traducido a treinta lenguas en más de doscientas ediciones, es una narración del arte con lenguaje sencillo que se ha convertido en un clásico de la literatura artística. Quizá la clave de su éxito resida en que ofrece algo así como una cartografía básica sobre toda la historia del arte.E.H. Gombrich


En su hogar, Gombrich fue introducido desde niño en el ambiente cultural de la Viena de entreguerras, dentro de la educación laica del Bildung, cuya inspiración se encontraba en el espíritu de Goethe, en el amor por los valores de la cultura, de la poesía, del arte y la música, y por un cierta visión cosmopolita. Educado en el Theresianum, muy pronto surge en él una intensa predilección por la música clásica y su vocación por la historia del arte, de tal forma que para su trabajo de graduación escolar seleccionó un tema poco común: Los cambios de apreciación artística, desde Winckelmann a nuestros días.


Cursa sus estudios de arte en la Universidad de Viena, en la cátedra de Julius von Schlosser (1866-1938), uno de los grandes representantes de la denominada Escuela vienesa de historiadores del arte, cuyo rasgo más significativo consistió no tanto en la formación de expertos o connaisseurs, como en el intento de elaborar una historia del arte, que pudiera ofrecer explicaciones rigurosas de los fenómenos artísticos, de la existencia de los estilos y de las causas que gobiernan los cambios de éstos. La impronta de Schlosser y otros profesores, como Emanuel Löewy, se hará ver en su inclinación hacia el estudio de las personalidades artísticas y en su permanente interés por la representación o creación de imágenes. Durante un corto período se traslada a Múnich para asistir a las clases de Heinrich Wölfflin (1864-1945), el historiador del arte más importante del cambio de siglo. Gombrich solía afirmar que las clases de Wölfflin le decepcionaron, haciéndole un escéptico ante el análisis formal.


La universidad de Viena, por aquellos años, vivía momentos de inusitada efervescencia cultural; en ese ambiente Gombrich tiene oportunidad de conocer y colaborar con personalidades como Ernst Kris, el historiador del arte y psicoanalista, amigo de Freud y director de la revista Imago, que por entonces intentaba aplicar el psicoanálisis al estudio del arte; asiste a las clases de percepción que dictaba Wolfgang Köhler según las pautas de la escuela de la Gestalt, a la vez que colabora con las investigaciones sobre percepción y lenguaje de Karl Bühler.


Realiza la tesis doctoral, bajo la dirección de Schlosser, sobre el arquitecto Giulio Romano y su Palazzo del Tè en Mantua. Su intención originaria era demostrar que el edificio respondía a las pautas del estilo manierista del siglo XVI. La nueva moda intelectual llevaba a explicar el arte manierista del siglo XVI como una expresión del espíritu de la época de la Contrarreforma, de la espiritualidad jesuítica, de las inquietudes y tensiones espirituales de los hombres del Cinquecento; todo ello dentro de las pautas de la Geistesgeschichte, o historia del espíritu, tan típica del pensamiento centroeuropeo.


Ante la persecución que se avecinaba a los intelectuales de orígenes judíos, Gombrich emigra a Londres en enero de 1936, para trabajar como investigador en el Warburg Institute, centro recién trasladado de Hamburgo a Londres por idénticos motivos. Su tarea consistía en completar y ordenar, con vistas a la publicación, los manuscritos inéditos del fundador del Instituto, el gran historiador del arte Aby Warburg (1866-1929). Consecuencia tardía de este trabajo, nunca llevado a cabo en su idea original, sería el libro Aby Warburg. An Intellectual Biography (1970) [Aby Warburg: una biografía intelectual, Alianza, 1992], en el que Gombrich rinde tributo a quien fue fundador de una prestigiosa escuela de historiadores del arte, especializada en la pervivencia de la tradición clásica durante el medievo y en los significados ocultos de la pintura del Quattrocento italiano.


Durante la guerra había aceptado escribir una historia del arte dirigida a jóvenes para la editorial Phaidon. El conflicto, y luego la necesidad de sacar adelante las tareas docentes y de investigación en el Instituto Warburg, pospusieron el encargo más de la cuenta. Además, el director del Warburg no deseaba que uno de sus profesores se dedicara a escribir libres de divulgación. Con todo, Gombrich cumplió su compromiso, trabajando en sus ratos libres y dictando el texto casi de memoria.


En 1950 se publicó The Story of Art [La historia del arte, Debate, 1997], una narración del arte sin mayores pretensiones. Aunque es un libro de divulgación, ameno y muy bien escrito -no en balde Gombrich ha obtenido algunos premios literarios-, quizá la clave de su éxito resida en que ofrece algo así como una cartografía básica sobre toda la historia del arte, un mapa con el que obtener una primera orientación frente al cúmulo de artistas, obras, corrientes y estilos que se acumulan en los tres milenios; un mapa que el lector posteriormente podrá ampliar, registrando en él los datos descubiertos en visitas a museos o en posteriores lecturas. Por otra parte, The Story of Art nos ofrece, sin proponérselo su autor, un cierto canon del arte occidental; nos habla de obras y artistas que debemos conocer y debemos admirar, entre los que destacan, por su maestría y su relevancia en el desarrollo de la tradición, Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano, Rubens, Velázquez, Rembrandt, Goya, Cézanne o Picasso.


Gombrich solía comentar que el éxito de The Story of Art tuvo consecuencias inesperadas, a la vez que le convirtió en una persona con una doble vida. Para la gran mayoría era el autor del libro que leyó en el colegio o le regalaron unas Navidades; para los historiadores y estudiosos, era el especialista en el Renacimiento y en psicología de la representación artística. Gracias a estas dos facetas, fue nombrado para la cátedra de Slade Professor en Oxford (1950-53) y en Cambridge (1961-63). A su vez, su nombramiento como catedrático de arte de Oxford, junto al éxito de su libro, tuvo una influencia decisiva en su proyección en los Estados Unidos, donde fue invitado a dictar conferencias y seminarios en Harvard, Washington y Nueva York.


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